domingo, 21 de noviembre de 2010

Cambalache. Enrique Santos Discépolo

Que el mundo fue y será una porquería,
ya lo sé;
en el quinientos seis
y en el dos mil también;
que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublés,
pero que el siglo veinte es un despliegue
de maldá insolente
ya no hay quién lo niegue;
vivimos revolcaos en un merengue
y en un mismo lodo todos manoseaos.

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro,
generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;
lo mismo un burro que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón;
los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón.

Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón;
cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón.
Mezclaos con Stravisky,
van Don Bosco y la Mignon,
don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín.
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia contra un calefón.

Siglo veinte, cambalache
problemático y febril;
el que no llora, no mama,
y el que no afana es un gil.
Dale no más, dale que va,
que allá en el horno nos vamo a encontrar.
No pienses más, echate a un lao,
que a nadie importa si naciste honrao.
Que es lo mismo el que labura
noche y día como un buey
que el que vive de los otros,
que el que mata o el que cura
o está fuera de la ley.

Las utopías en el discurso pedagógico

La presencia de utopías es una de las características principales del discurso pedagógico. Estos ideales educativos, representan el objetivo hacia el cual se dirige el proceso de enseñanza aprendizaje. En función de tales objetivos, la pedagogía elabora normas y describe normalidades, diagnosticando ya sea por similitud o diferencia, la situación del sujeto educado respecto al parámentro considerado como normal.



A diferencia de otras ciencias humanísticas, la pedagogía no ha sido dominada completamente por el paradigma positivista del siglo XIX. Este aspecto especulativo (metafísico) no es otra cosa que la proclamación de objetivos a los que se aspira, no ha dejado de ser el punto de referencia sobre el cual se construyen las normas.



Las utopías alcanzan todo el discurso pedagógico, determinado de este modo, cuáles son los aprendizajes verdaderamente educativos, y cuales no.



Cabe observarse sin embargo que la pedagogía moderna, al amparo de la sociología, la psicología o la etnografía de la educación no emite ya sus ideales en el modo directo en que lo hacía la pedagogía clásica, pero no por ello dejan de estar presentes. Sutiles mecanismos exhiben estas utopías bajo el disimulado velo de una pretendida objetividad.



Este fenómeno podría describirse a través de la hipótesis represiva de Focault: Se niegan aquellas prácticas en que la teoría no se ajustan al parámetro establecido, entonces se les otorga un nuevo status en relación a lo prescripto. Este mecanismo, crea formas de exclusión primero para volver a incluirlas después.



El despliegue de estrategias y dispositivos creados por la pedagogía en función de su dimensión normativa, descansa siempre en el desemeño individual. En efecto, pese a que el aula es el ámbito natural, ésta suele causar ruido. Entonces, cuando el desempeño del alumno genera una alerta, este es aislado del contexto para obsevarlo en detalle. El exámen pedagógico requiere de mayor información y modelos más sutiles.



Los nexos entre le desarrollo del individuo y la acción pedagógica son oscuros. Siguiendo así la hipótesis represiva, podemos observar dos posibilidades:



1. Que sea el INTERES considerado el motor natural del desarrollo, y como consecuencia sólo es necesario proporcionar al alumno insumos oportunos. (Si no se produce, es porque el estímulo fue perturbado o resultó inapropiado)



2. Que sea la EDUCACION EL CAUCE NATURAL del desarrollo del individuo. (Si no se produce, es porque su naturaleza educable ha sido perturbada)



Pero para ambas posibilidades, la mirada vuelve a partir de lo normado y busca normalizar.



G.C.



Bibliografía: BAQUERO, R Y NARODOWSKI, M. (1990), "Normatividad y Normalidad en Pedagogía", en: Revista Alternativas Año IV, Nº6, U. Nac. Del Centro, Tandil, Argentina, pp